Palabra, flecha ígnea, tú me atraviesas.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Destrucción

Ajena a si el sol allá fuera se oculta tras las nubes o se alza sin mesura, yo me escondo entre los restos de un recuerdo que hierve mi sangre y evapora la lógica que pudo alguna vez formar parte de mí. 
Hoy mi pasado hiere mi presente. Lo rasga y hace sangrar y, como si todo mi ser fuese un gran corazón abierto, veo derramar mi esencia. Se esparce, molécula a molécula, por el polvo de este aire. 
El dolor amenaza con convertir mi pena en rabia; suplica destrucción, desastre. 
Mi boca se llena de malicia. Mi alma, de inmundicia. 
Lo negro se acerca, me empuja hacia el vacío. Quiero dejar que el aire azote y maneje mi cuerpo privado de nervio, pero sé que, una vez llegado al suelo, nadie podrá expandir su fuerza para despegarlo del hielo. 
Y allí yaceré sin remedio.
Así, justo en la cumbre, reconozco que no tengo más opción. Recoloco mis músculos, yergo el valor que aún conservo y dirijo mi furia hacia ese pensamiento envenenado. 
Golpeo con fuerza para mandarlo lejos. 
Bien lejos.

lunes, 24 de diciembre de 2012

Apunte literario (9)

Las noches del veinticuatro de diciembre suelo preparar actividades para mis primos pequeños, entre las cuales siempre aparece alguna relacionada con la lectura. Buscando entre los libros que hay por casa sobre cuentos y poemas para niños, he encontrado un fragmento del poema A mi pensamiento, de Lope de Vega. El libro forma parte de la colección El mundo mágico de los niños.

«Cobarde pensamiento,
pues todas las promesas,
burlándose del alma,
el viento se las lleva...
Pensé yo, pensamiento,
que al mismo sol subieras,
y que de ver tus bríos
temblaran las estrellas,
y he visto que en su ofensa
despierto sueño quien amando piensa».

Apunte literario (8)

En esta Nochebuena, José Zorrilla nos regala unos versos cargados de dulzura que invitan a la reflexión. ¿No es verdad, ángel de amor...?, de Don Juan Tenorio.
«¿No es verdad, ángel de amor,
que en esta apartada orilla
más pura la luna brilla
y se respira mejor? 
Esta aura vaga, llena
de los sencillos olores
de las campesinas flores
que brota esa orilla amena;
esa agua limpia y serena
que atraviesa sin temor
la barca del pescador
que espera cantando al día,
¿no es verdad, paloma mía,
que están respirando amor?»
El valor de lo realmente importante.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Apunte literario (7)

El mantón negro, de Luigi Pirandello —autor italiano ganador del premio Nobel de Literatura en 1934. 
«Gerlando tenía diecinueve años, y en trece de escuela apenas había llegado al tercer grado. Era un muchacho rudo, sin pulir. (...) 
A fuerza de agua, cada mañana lograba sujetarse los ásperos cabellos y hacerse una raya al lado; pero poco después, una vez secos, se le erizaban, compactos e hirsutos acá y allá, como si le brotasen del cráneo; también las cejas parecía que le salían un poco más abajo de su frente roma, y ya en el mentón y en el labio empezaban a brotar los primeros pelos de la barba y el bigote, enmarañados. ¡Pobre Gerlando! Daba pena verle tan gordo, tan duro, tan rústico, con un libro abierto delante de sí. El padre sudaba lo suyo cada mañana para lograr sacarle de los soportes de sus profundos sueños de cebón harto y satisfecho, y aún atontado y vacilante, y con los ojos llorosos, encaminarle a su martirio, a la vecina ciudad». 

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Apunte literario (6)

Me abruma la necesidad de publicar este microcuento de Juan Luis.
«Supieron que todo había acabado cuando aquella mañana la cama amaneció con escarcha».

viernes, 7 de diciembre de 2012

Cegados por esos momentos

Siento ese vacío que duele al respirar, ese nudo en la garganta que me ahoga. Soy un todo convertido en pausa, permanente e inalterable.

Cuando falta el cariño que siempre nos acompañó, nos convertimos en gatos ronroneando por un poco de atención. Rebajamos la dignidad a «menos cero» y no nos importa, siempre que alcancemos el banal instante de reconocimiento. Sin embargo, la dignidad cayó al subsuelo y al traspasar la tierra, poco puedes hacer por exprimir los grumos que ya no gotean. Acabas por ser ridícula, patética, la limosna hace a la actitud que nos alienta. Somos capaces de llorar, sangrar por dentro, para conseguir el deseado amor compacto e inexistente —imaginario en suma— que nos devuelva la felicidad chapuza a nuestra cara rota. El calor nos reconforta, y aunque la lágrima escueza y marque cada herida abierta, el parche que encontramos nos es suficiente porque ya hemos caído en la súplica.

El alcohol, puro o endulzado, quiere sanar o borrar la memoria hiriente que nos impide avanzar, hasta que luce su lado cierto de mago veloz en sus trucos y estampa en tus ojos ingenuos su intención verdadera; él transforma tu realidad más oscura en emocionantes trazos que seguir. Traicionero, se aburre y se esfuma, vuela como la pluma al son del viento que más le sopla. Vuelve tu soledad, las imágenes recuperan su nitidez y, aunque no quieras reconocer lo que ves, ahí está, justo delante de ti, esa realidad de la que huyes en cada trago. ¡Qué insistencia la tuya! Te chocas contra un muro repetidas veces y esa verdad siempre regresa, porque eso que evitas llamar vida siempre ha estado ahí.

Olores, sabores... La consciencia es la más cruel de las rameras, pues ella jamás usará el engaño por más que quieras. Tus actos se escriben sobre el papel y al amanecer, no tendrás más remedio que leer las hojas. En cada «o» cerrada se escapa un suspiro reincidente, se vierte un trozo de esperanza. Tu alma, disuelta en sonrisas fingidas, se deja agotar sin mérito. Arropada bajo las mantas desfallece, se deja mecer por el desasosiego y se duerme entre reproches soñando un nuevo comienzo.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Apunte literario (5)


Introduzcámonos en El mundo por de dentro, el cuarto de los Sueños y discursos de Francisco de Quevedo.
«—Ni te estorbo ni te envidio lo que deseo, antes te tengo lástima. ¿Tú por ventura sabes lo que vale un día? ¿Entiendes de cuánto precio es una hora? ¿Has examinado el valor del tiempo? Cierto es que no, pues así, alegre, le dejas pasar hurtado de la hora que fugitiva y secreta te lleva preciosísimo robo. ¿Quién te ha dicho que lo que ya fue volverá cuando lo hayas menester si le llamares? Dime, ¿has visto algunas pisadas de los días? No por cierto, que ellos solo vuelven la cabeza a reírse y burlarse de los que así los dejaron pasar. Sábete que la muerte y ellos están eslabonados y en una cadena, y que cuando más caminan los días que van delante de ti, tiran hacia ti y te acercan a la muerte, que quizá la aguardas y es ya llegada, y según vives, antes será pasada que creída. Por necio tengo al que toda la vida se muere de miedo que se ha de morir y por malo al que vive tan sin miedo della como si no la hubiese, que este lo viene a temer cuando lo padece, y embarazado con el temor, ni halla remedio a la vida ni consuelo a su fin. Cuerdo es solo el que vive cada día como quien cada día y cada hora puede morir. 
—Eficaces palabras tienes, buen viejo. Traído me has el alma a mí, que me la llevaban embelesada vanos deseos. ¿Quién eres, de dónde, y qué haces por aquí?  
—Mi hábito y traje dice que soy hombre de bien y amigo de decir verdades, en lo roto y poco medrado; y lo peor que tu vida tiene es no haberme visto la cara hasta ahora. Yo soy el Desengaño; estos rasgones de la ropa son de los tirones que dan de mí los que dicen en el mundo que me quieren, y estos cardenales del rostro, estos golpes y coces me dan en llegando, porque vine y porque me vaya, que en el mundo todos decís que queréis desengaño, y en teniéndole, unos os desesperáis, otros maldecís a quien os le dio, y los más corteses no le creéis. Si tú quieres, hijo, ver el mundo, ven conmigo, que yo te llevaré a la calle mayor, que es a donde salen todas las figuras, y allí verás juntos los que por aquí van divididos sin cansarte; yo te enseñaré el mundo como es, que tú no alcanzas a ver sino lo que parece.
—¿Y cómo se llama —dije yo— la calle mayor del mundo, donde hemos de ir? 
—Llámase —respondió— Hipocresía, calle que empieza con el mundo y se acabará con él; y no hay nadie casi que no tenga, si no una casa, un cuarto o un aposento en ella (...)».
Como mortales que somos, la vida finita tememos. Nos centramos en el momento inevitable del telón bajado, queremos que la obra dure horas eternas porque la palabra «fin» nos impulsa a un vacío incomprendido. Entonces nos desvivimos por encontrar el botón que congele el sufrimiento e ignoramos que el momento (la vida) es puro fuego; la llama nace implacable y en cenizas, polvo, acaba.
Así, lo que intentamos estirar inconscientes, llega a romperse como se esperaba y, minutos antes, nos arrepentimos por no haberlo valorado un poco más. 
Él corre, con independencia de los deseos y de las capacidades, de nuestro esfuerzo y merecer, dejando atrás y haciendo oídos sordos a las súplicas necias. Él, el tiempo, nos concede dos opciones y, aunque te ciegues,

una debes escoger.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Apunte literario (4)

Abrazamos la belleza de Rubén Darío para trasladarnos al mundo del amor poético con Sonatina, una composición incluida en Prosas Profanas.
«La princesa está triste..., ¿qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro;
y en un vaso olvidada se desmaya una flor. 
El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y, vestido de rojo, piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión. (...) 
¡Ay! La pobre princesa de la boca de rosa,
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar,
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo,
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.  
Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte;
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.  
¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real,
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal. (...)  
—¡Calla, calla, princesa —dice el hada madrina—,
en caballo con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con su beso de amor!».
Cuando un corazón anhela latir por un amor, todo lo demás se vuelve superfluo.