Buenas tardes, querido año:
Comenzaste y quise hacer algo especial en esta virtual casa mía para celebrar tu entrada. Mis planes eran organizar un viaje increíble, cumplir uno de mis sueños y relatar mis experiencias a modo de libro de viajes como hacían en la Edad Media. Sin embargo, mientras elegía el destino, las actividades y las fechas de mi fascinante aventura, un camino se cruzó por entre mis ideas. El enlace con ese nuevo país que iba a descubrir consiguió retenerme de tal forma que aposté por lo que más tarde supe que sería el boleto ganador. Decidí dedicar mis días de vacaciones a visitar Madrid y conocer a una persona que me provocaba alto interés en lugar de seguir el plan que masticaba desde principios de enero.
Me fascinó la idea de vivir un San Valentín diferente; tener una cita con alguien con quien conectaba, pero que no había visto nunca. Lo que no sabía era que aquel día daría con mi compañero de viajes. Después de un intenso paseo por la capital en plena noche viento-lluviosa, supe que había hecho bien en no tomar ese otro avión a Islandia. Una y otra vez me lo recordaba la rosa que protegía del mal tiempo en mi bolso siempre que lo abría.
Conforme pasaban las horas, más unida me sentía a él. Me impresionaba ver cómo habían florecido sentimientos en mí tras varios años congelados y me sentía tan afortunada que en algún momento creí de verdad que podía explotar de pura felicidad. Además, tal y como yo había previsto, en este viaje cumplí uno de mis sueños. Él lo hizo posible. Sabiendo lo importante que es para mí la nieve, me llevó a un puerto de montaña y transformó aquella ilusión que yo tenía por sentirla por primera vez en una experiencia inolvidable.
Desde entonces, sonrío cada día. Ya le dije una vez que en mi sonrisa siempre andaba, «agazapado en las comisuras de mi boca, protegiendo cada surco para que jamás se desdibuje», porque se ha convertido en mi guardián.
E inevitablemente, en mi ese alguien especial.
Contigo me siento así,
como un arroyo en la nieve.
Porque podrá congelarse
la montaña que lo sostiene,
que el agua fluirá vivaz
al ritmo que el cauce lleve.