Palabra, flecha ígnea, tú me atraviesas.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Cegados por esos momentos

Siento ese vacío que duele al respirar, ese nudo en la garganta que me ahoga. Soy un todo convertido en pausa, permanente e inalterable.

Cuando falta el cariño que siempre nos acompañó, nos convertimos en gatos ronroneando por un poco de atención. Rebajamos la dignidad a «menos cero» y no nos importa, siempre que alcancemos el banal instante de reconocimiento. Sin embargo, la dignidad cayó al subsuelo y al traspasar la tierra, poco puedes hacer por exprimir los grumos que ya no gotean. Acabas por ser ridícula, patética, la limosna hace a la actitud que nos alienta. Somos capaces de llorar, sangrar por dentro, para conseguir el deseado amor compacto e inexistente —imaginario en suma— que nos devuelva la felicidad chapuza a nuestra cara rota. El calor nos reconforta, y aunque la lágrima escueza y marque cada herida abierta, el parche que encontramos nos es suficiente porque ya hemos caído en la súplica.

El alcohol, puro o endulzado, quiere sanar o borrar la memoria hiriente que nos impide avanzar, hasta que luce su lado cierto de mago veloz en sus trucos y estampa en tus ojos ingenuos su intención verdadera; él transforma tu realidad más oscura en emocionantes trazos que seguir. Traicionero, se aburre y se esfuma, vuela como la pluma al son del viento que más le sopla. Vuelve tu soledad, las imágenes recuperan su nitidez y, aunque no quieras reconocer lo que ves, ahí está, justo delante de ti, esa realidad de la que huyes en cada trago. ¡Qué insistencia la tuya! Te chocas contra un muro repetidas veces y esa verdad siempre regresa, porque eso que evitas llamar vida siempre ha estado ahí.

Olores, sabores... La consciencia es la más cruel de las rameras, pues ella jamás usará el engaño por más que quieras. Tus actos se escriben sobre el papel y al amanecer, no tendrás más remedio que leer las hojas. En cada «o» cerrada se escapa un suspiro reincidente, se vierte un trozo de esperanza. Tu alma, disuelta en sonrisas fingidas, se deja agotar sin mérito. Arropada bajo las mantas desfallece, se deja mecer por el desasosiego y se duerme entre reproches soñando un nuevo comienzo.

2 comentarios :

  1. Qué tristes palabras y qué bien escritas. Supongo que todos atravesamos esos momentos en que sentimos que todo se ha ido al garete, que nada es como antes, que cuesta alcanzar el nivel del que un día disfrutabas. Yo lo he sentido últimamente, echo de menos demasiadas cosas.
    Sigue escribiendo!

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    1. Sí, a veces parece que la vida se nos cae a trozos, pero ante eso: una pausa y a continuar ;) Gracias por tu comentario, Moisés. ¡Un saludo!

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