Palabra, flecha ígnea, tú me atraviesas.

lunes, 21 de enero de 2013

Una fotografía «grifeística»

¿Qué os parece el surrealismo? Como lector, complicado; como escritor... ¡Complicadísimo! La semana pasada inicié un curso sobre escritura y el primer trabajo a entregar consiste en lo siguiente: escoger dos sustantivos que nada tengan en común a primera vista y relacionarlos, bajo el resguardo del surrealismo y lo abstracto, en una historia o relato. 


Escogí, por suerte o por desgracia, las palabras «grifo» y «fotografía», y este ha sido el resultado final. Lo he titulado Una fotografía «grifeística»Espero que os guste (y que no os perturbe demasiado).
«La habitación parecía poseer vida propia, como en una fotografía, a través de la cual y por cuyos colores vibrantes se extrajese la esencia misma de la vida. La decisión del grifo determinaba los estados de dicha foto.
Nuestra historia comienza como cualquier otra: con el llanto salvaje del cristalino líquido. Despojado de su madre de metal, el agua nace del grifo entre gritos desesperados, ansiosa por descubrir el destino que le aguarda. Esta fotografía surge del estado primitivo de la existencia, donde puede apreciarse la fuerza de la naturaleza capaz de silenciar al mundo que, entre alaridos, lucha por su propia supervivencia.
La selva retratada nos muestra la capacidad animal del ser humano, que se incorpora a la sociedad con la furia desmedida de un león dominante. Creyéndose el dueño del lugar, gobierna a sus anchas y aplasta toda luz que determine contraria a su pensamiento. Esa luz, ese brillo que refleja en su acero la vida que rodea al grifo, no es otra cosa que la imagen captada por los ojos del que mira.
Pero, ¿qué hay más allá del estático movimiento? Introduzcámonos con gracilidad en la fotografía que se torna atardecer cuando el grifo encorva su cuerpo. El sonido se vuelve sutil, silencioso, precavido; la imagen, trémula, calmada. El paso del tiempo edulcora aquella vida de sabores intensos, contiene la vitalidad emanada de la fuente y talla la gema que da forma al humano convertido en sabio.
Recorremos el paisaje de belleza mansa por el fluir del agua. Un hilo se escapa por el filtro del grifo, apenas queda un suspiro del grito que inundó la habitación.
Hasta que al fin, gota a gota, desaparece la vida en su fotografía definitiva. Por siempre, permanecerá abierta la ventana al pasado, a ese tiempo en pausa en el que el ser humano quedó aparcado al recuerdo. Aquel grifo sellado que retuvo la existencia nos regala la oportunidad de rememorar, en su fotografía, la vida del que, un día, fue protagonista».

viernes, 18 de enero de 2013

Libros para soñar

Después de un año esperando el cuarto libro de la saga Oscuros, al fin lo tengo entre mis manos. En esta tarde que parece no tener nada de especial, me acurruco tras las hojas de La primera maldición, de Lauren Kate.
«Daniel no lo sabía, ya no sabía nada.
Solo sabía que caía en un vacío sin fin.
Lo dominaba un deseo de encontrar algo..., a alguien.
Pero solo había oscuridad envuelta en oscuridad.
Un silencio que ahogaba sus pensamientos.
Y una nada que lo era todo.
Daniel caía».
«Cuando se puso a escribir nuevas notas, lo hizo con una letra firme y elegante, y Luce se sintió reconfortada al darse cuenta de que no era la primera vez que la veía. Se deleitaba con todo lo que le recordaba cuán larga y profunda era su historia de amor con Daniel, aunque fuera un detalle de poca importancia, como la letra ligada que fluía a lo largo de los siglos para dejar constancia escrita de que Daniel le pertenecía».
«Se elevaron por encima del manto de nubes: fue como el momento en el que el paisaje gris uniforme que se ve por la ventanilla de un avión pasa a adquirir una gama infinita de colores. La diferencia era que la ventanilla y el avión no estaban, y no había nada entre la piel de Luce y las suaves tonalidades de color rosa de las nubes que se extendían al este, salvo el intenso azul añil del cielo a aquella altitud.
El mar de nubes se desplegó por debajo de ellos, extraño y fascinante. Como de costumbre, cogió a Luce por sorpresa. Aquel era otro mundo que solo Daniel y ella habitaban, el mundo de las alturas, la punta de los más altos minaretes del amor.
¿Qué mortal no había soñado con aquello? ¿Cuántas veces había anhelado Luce hallarse al otro lado de la ventanilla de un avión; pasearse por una nube de lluvia acariciada por los rayos dorados del sol? En aquel momento estaba allí, conmovida por la belleza de un mundo lejano que podía sentir en la piel». 


jueves, 17 de enero de 2013

El valor de un libro


—Todos los libros merecen ser tratados con respeto.
—Pero, no todos tienen el mismo éxito, ni la misma calidad. Algunos son «productos editoriales», comerciales, otros no dicen más que falacias. ¿Qué hay de los que dicen ser escritos por un autor aclamado, pero que luego resulta ser un novel encubierto? ¿Y de aquellos que nunca acaban por convencer?
Detrás de todos ellos existe un autor que puso en sus palabras parte de su ser, parte de su esencia.
—La de escritores que han permanecido en la sombra porque nadie apostó por ellos, la de historias que se han quedado sin contar...
—Ya lo vas pillando.

miércoles, 16 de enero de 2013

Escritura automática

Comenzamos el año con una de las propuestas de navidad; involucrarme más aún con la escritura. Y para ello, comparto con vosotros un fragmento de André Breton, titulado Secretos del arte mágico del Surrealismo. Composición surrealista escrita, o primer y último chorro.
«Ordenad que os traigan recado de escribir, después de haberos situado en un lugar que sea lo más propicio posible a la concentración de vuestro espíritu, al repliegue de vuestro espíritu sobre sí mismo. Entrad en el estado más pasivo, o receptivo, de que seáis capaces. Prescindid de vuestro genio, de vuestro talento, y del genio y del talento de los demás. Decíos hasta empaparos que la literatura es uno de los más tristes caminos que llevan a todas partes. 
Escribid deprisa, sin tema preconcebido, escribid lo suficientemente deprisa para no poder refrenaros, y para no tener la tentación de leer lo escrito. La primera frase se os ocurrirá por sí misma, ya que en cada segundo que pasa hay una frase, extraña a nuestro pensamiento consciente, que desea exteriorizarse. Resulta muy difícil pronunciarse con respecto a la frase inmediatamente siguiente; esta frase participa, sin duda, de nuestra actividad consciente y de la otra, al mismo tiempo, si es que reconocemos que el hecho de haber escrito la primera produce un mínimo de percepción. Pero eso poco ha de importarnos; ahí es donde radica, en su mayor parte, el interés del juego surrealista. No cabe la menor duda de que la puntuación siempre se opone a la continuidad absoluta del fluir de que estamos hablando, pese a que parece tan necesaria como la distribución de los nudos en una cuerda vibrante. 
Seguid escribiendo cuanto queráis. Confiad en la naturaleza inagotable del murmullo. Si el silencio amenaza, debido a que habéis cometido una falta, falta que podemos llamar «falta de inatención», interrumpid sin la menor vacilación la frase demasiado clara. A continuación de la palabra que os parezca de origen sospechoso, poned una letra cualquiera, la letra l, por ejemplo, siempre la l, y al imponer esta inicial a la palabra siguiente conseguiréis que de nuevo vuelva a imperar la arbitrariedad».
Esta técnica de escritura es realmente útil. Dejar fluir el pensamiento, confiar en las ideas más absurdas y permitir que jueguen su papel en el folio ayuda a desarrollar nuestra creatividad. Porque la imaginación forma parte de nuestro código genético, aunque nos cueste creerlo.
Me gusta pensar que la mente es un gran centro de ideas, un lugar saturado de palabras desordenadas, mezcladas unas con otras, rodeado por un distribuidor en forma de tubos cuya función se centra en lanzarlas al exterior una por una. Imagino que, al emplear la «escritura automática», el distribuidor las deja salir a todas ellas a la vez. Si soy rápida, seré capaz de canalizar la gran mayoría. Pensamiento puro, sin filtro; de aquí podemos conseguir verdaderos tesoros que antes permanecían en el anonimato por timidez y desconfianza.
En más de una ocasión, mientras escribía y de forma inconsciente, la concentración era tan alta que podía pasar media hora escribiendo como en trance. 
Que la historia te envuelva tanto que seas capaz de introducirte de pleno en ella... Un viaje emocionante de la mano (y por las manos) de nuestra querida palabra escrita.