Cuenta la leyenda que...
«San Valentín era un sacerdote que ejercía en Roma en el siglo III. En esos momentos, gobernaba el emperador Claudio II, quien prohibió la celebración de matrimonios jóvenes porque, en su opinión, los solteros sin familia eran mejores soldados, ya que tenían menos ataduras. El sacerdote consideró que el decreto era injusto y desafió al emperador celebrando matrimonios en secreto para jóvenes enamorados. La traición llegó a oídos de Claudio y este decidió encarcelar al sacerdote. El 14 de febrero de 270, el emperador mandó martirizarlo y, finalmente, ejecutarlo. En conmemoración, su hija plantó un almendro junto a su tumba.
Así, San Valentín se convirtió en patrón de los enamorados, y el almendro, en el símbolo del amor».Este año, después de tantos emparejada y enamorada, voy descubriendo el duro camino de la soltería y en un día como hoy recuerdo que la frustración y el escepticismo no hacen más que alejarte de ese sentimiento tan dulce, e intenso al mismo tiempo, que le devuelve el sentido a la vida.
Resulta cursi hablar de «amor», pero qué bien se siente una cuando ama y es amada.
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| ¿Por qué no confiar en el Amor? |
Como no podía ser de otro modo, guardo para los corazones del mundo unos versos cargados de sentimiento. Simple mensajera, os entrego el regalo que Francisco de Quevedo nos dejó hace cuatro siglos; Amor constante más allá de la muerte.
«Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare al blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;
mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado».

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