Palabra, flecha ígnea, tú me atraviesas.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Apunte literario (36)

Vengo de nuevo por aquí para postear fugazmente otra de las Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer. Esta va por todas aquellas personas que de una relación solo recuerdan lo tristes que están por no seguir compartiendo su felicidad con quienes quieren: recordad que a vosotros también os esperan las risas.
XXXI 
Nuestra pasión fue un trágico sainete
en cuya absurda fábula
lo cómico y lo grave confundidos
risas y llanto arrancan.
Pero fue lo peor de aquella historia
que al fin de la jornada
a ella tocaron lágrimas y risas
y a mí, sólo las lágrimas.

Apunte literario (35)

Como es ya costumbre, antes de mi examen os traigo un poema de esos que tanto me gustan. Lo son aquellos por los que, cuando los lees, sientes un golpecito en el corazón, en medio de un gesto dulce se te escapa un tímido "oh" y, automáticamente después, sonríes. ¿Quién lo ha conseguido esta vez? Por supuesto, uno de los grandes: Gustavo Adolfo Bécquer. Para que sintáis ese golpecito del que os hablo, aquí os dejo una de sus Rimas.

XXIX 
La bocca mi bacció tutto tremante. 
«Sobre la falda tenía
el libro abierto,
en mi mejilla tocaban
sus rizos negros:
no veíamos las letras
ninguno, creo
y sin embargo guardábamos
hondo silencio.
¿Cuánto duró? Ni aun entonces
pude saberlo.
Sólo sé que no se oía
más que el aliento,
que apresurado escapaba
del labio seco.
Sólo sé que nos volvimos
los dos a un tiempo
y nuestros ojos se hallaron
y sonó un beso.
Creación de Dante era el libro,
era su Infierno.
Cuando a él bajamos los ojos
yo dije trémulo:
—¿Comprendes ya que un poema
cabe en un verso?
Y ella respondió encendida:
—Ya lo comprendo».


domingo, 18 de mayo de 2014

Dieciocho de febrero

Como ya sabéis, en febrero conocí a una persona encantadora de los pies a la cabeza, y con su encanto me convenció para que escribiera un poema dedicado en exclusiva a nosotros. Días después sentí esa bocanada de inspiración que me permitió cumplir con mi palabra.
Hoy, tras tres meses de felicidad continua y de sentimientos que no han hecho otra cosa más que engordar, cumplo con la segunda parte de aquella promesa: «te lo entrego. Te entrego nuestro Dieciocho de febrero, porque este poema es solo tuyo, solo nuestro. Te quiero».



Contigo no quiero 
rendirme a los miedos,
contigo no me sirve 
el "no puedo".
¿Qué tal si rompemos
con aquella expresión
y de las historias intensas
hacemos de la nuestra 
la excepción?

Tienes la facilidad 
de hacerme feliz,
en tus brazos y detalles
me siento como una pequeña
incapaz de dejar de sonreír.
Como cuando permites que dé
con ese hueco bajo tu clavícula,
allí donde los besos 
se resbalan de mis labios;
o cuando te sonrojas
y renace ese hoyuelo de tu mejilla,
tan revelador y cómplice
que me hace sentir única,
causa y consecuencia
de la viveza de tu mirada.
Protegida cada noche,
radiante por las mañanas,
especial en Callao
mientras me balanceabas,
o pletórica cuando 
recuerdo el gesto de Lada.

Y pensar que cada tropiezo
me ha llevado a sentirme así,
que cada caída me ha acercado
un poco más a ti,
me hace confiar en que 
la vida sabe jugar
y que siempre está dispuesta
a volcar nuestro mundo
para que sintamos la emoción
de compartir un nexo metálico
en nuestro lóbulo.

Porque por personas como tú,
por experiencias como esta,
compensa la dificultad
de un mar entre dos tierras.
No olvides que un puñado
de centenares de kilómetros
son solo grandes espacios de aire,
y que yo me mantendré
a tu lado izquierdo,
palpitando al compás 
de nuestro alocado
y silencioso baile.