Como es ya costumbre, antes de mi examen os traigo un poema de esos que tanto me gustan. Lo son aquellos por los que, cuando los lees, sientes un golpecito en el corazón, en medio de un gesto dulce se te escapa un tímido "oh" y, automáticamente después, sonríes. ¿Quién lo ha conseguido esta vez? Por supuesto, uno de los grandes: Gustavo Adolfo Bécquer. Para que sintáis ese golpecito del que os hablo, aquí os dejo una de sus Rimas.
XXIX
La bocca mi bacció tutto tremante.
«Sobre la falda tenía
el libro abierto,
en mi mejilla tocaban
sus rizos negros:
no veíamos las letras
ninguno, creo
y sin embargo guardábamos
hondo silencio.
¿Cuánto duró? Ni aun entonces
pude saberlo.
Sólo sé que no se oía
más que el aliento,
que apresurado escapaba
del labio seco.
Sólo sé que nos volvimos
los dos a un tiempo
y nuestros ojos se hallaron
y sonó un beso.
Creación de Dante era el libro,
era su Infierno.
Cuando a él bajamos los ojos
yo dije trémulo:
—¿Comprendes ya que un poema
cabe en un verso?
Y ella respondió encendida:
—Ya lo comprendo».
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