Palabra, flecha ígnea, tú me atraviesas.

miércoles, 16 de enero de 2013

Escritura automática

Comenzamos el año con una de las propuestas de navidad; involucrarme más aún con la escritura. Y para ello, comparto con vosotros un fragmento de André Breton, titulado Secretos del arte mágico del Surrealismo. Composición surrealista escrita, o primer y último chorro.
«Ordenad que os traigan recado de escribir, después de haberos situado en un lugar que sea lo más propicio posible a la concentración de vuestro espíritu, al repliegue de vuestro espíritu sobre sí mismo. Entrad en el estado más pasivo, o receptivo, de que seáis capaces. Prescindid de vuestro genio, de vuestro talento, y del genio y del talento de los demás. Decíos hasta empaparos que la literatura es uno de los más tristes caminos que llevan a todas partes. 
Escribid deprisa, sin tema preconcebido, escribid lo suficientemente deprisa para no poder refrenaros, y para no tener la tentación de leer lo escrito. La primera frase se os ocurrirá por sí misma, ya que en cada segundo que pasa hay una frase, extraña a nuestro pensamiento consciente, que desea exteriorizarse. Resulta muy difícil pronunciarse con respecto a la frase inmediatamente siguiente; esta frase participa, sin duda, de nuestra actividad consciente y de la otra, al mismo tiempo, si es que reconocemos que el hecho de haber escrito la primera produce un mínimo de percepción. Pero eso poco ha de importarnos; ahí es donde radica, en su mayor parte, el interés del juego surrealista. No cabe la menor duda de que la puntuación siempre se opone a la continuidad absoluta del fluir de que estamos hablando, pese a que parece tan necesaria como la distribución de los nudos en una cuerda vibrante. 
Seguid escribiendo cuanto queráis. Confiad en la naturaleza inagotable del murmullo. Si el silencio amenaza, debido a que habéis cometido una falta, falta que podemos llamar «falta de inatención», interrumpid sin la menor vacilación la frase demasiado clara. A continuación de la palabra que os parezca de origen sospechoso, poned una letra cualquiera, la letra l, por ejemplo, siempre la l, y al imponer esta inicial a la palabra siguiente conseguiréis que de nuevo vuelva a imperar la arbitrariedad».
Esta técnica de escritura es realmente útil. Dejar fluir el pensamiento, confiar en las ideas más absurdas y permitir que jueguen su papel en el folio ayuda a desarrollar nuestra creatividad. Porque la imaginación forma parte de nuestro código genético, aunque nos cueste creerlo.
Me gusta pensar que la mente es un gran centro de ideas, un lugar saturado de palabras desordenadas, mezcladas unas con otras, rodeado por un distribuidor en forma de tubos cuya función se centra en lanzarlas al exterior una por una. Imagino que, al emplear la «escritura automática», el distribuidor las deja salir a todas ellas a la vez. Si soy rápida, seré capaz de canalizar la gran mayoría. Pensamiento puro, sin filtro; de aquí podemos conseguir verdaderos tesoros que antes permanecían en el anonimato por timidez y desconfianza.
En más de una ocasión, mientras escribía y de forma inconsciente, la concentración era tan alta que podía pasar media hora escribiendo como en trance. 
Que la historia te envuelva tanto que seas capaz de introducirte de pleno en ella... Un viaje emocionante de la mano (y por las manos) de nuestra querida palabra escrita.

2 comentarios :

  1. Nunca he probado la escritura automática, no me atrevo, no sé qué saldría de ahí. Debe ser un ejercicio interesante, quizás algún día lo pruebe en el blog.
    Sobre lo de quedarse "en trance" mientras escribimos, tienes toda la razón. Yo creo que he superado incluso una hora. Somos unos frikis, y lo que nos gusta!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jajaja y tanto, ¡a mi me encanta! Te animo que la pruebes, relaja muchísimo, además es una buena forma de conocerse a sí mismo. Tomando como ejemplo la entrada sobre tu «automanía», imagina que es exactamente lo mismo que correr; dejarse llevar al fin y al cabo :)
      ¡Gracias por comentar!

      Eliminar