Palabra, flecha ígnea, tú me atraviesas.

viernes, 8 de febrero de 2013

Apunte literario (10)

En Arcadia, la obra de Jacobo Sannazaro, el pastor Ergasto llora la muerte de su amada, a la que perdió antes de poder declararle su amor. Habla con Selvaggio en Partenio, monte de Grecia:
«Un día, guiando los corderos junto a un río, vi, entre las ondas, una bella luz que con dos rubias trenzas me apresó, dibujándome en el corazón un rostro, que vencía el color de la leche y las rosas; después se ocultó dentro del alma de tal modo que de otra carga no me oprime el peso. [...] Lavaba un velo y cantaba en voz alta. ¡Ay de mí, que cuando ella me vio, rápidamente interrumpió su cancioncilla, callando, y me llenó de disgusto, ciñéndose los vestidos y cubriéndose el todo, para mayor desdicha mía; después se sumergió hasta la cintura y yo, abatido, caí a tierra desmayado. [...] Saben bien estos bosques cuánto la amo, lo saben los ríos, los montes, las fieras y los hombres, saben que la anhelo siempre llorando y suspirando. Lo sabe mi rebaño, tantas veces al día la nombro que ya a todas horas me escucha, pazca en la selva o en el establo rumie. Eco resuena y a menudo me devuelve las voces, que tan dulces en el aire se escuchan, y en los oídos el bello nombre resuena. Estos árboles hablan siempre de ella, y en sus cortezas escrita la muestran, incitándome a menudo a cantar y a llorar».

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