«Ser hacedor, en el transcurrir de los días, en el transcurrir del tiempo, de los momentos mágicos que dibujan los poemas, mientras son recitados por la callada voz del pensamiento que los recrea, es un disfrute al alcance de quien estima la poesía».
Y con orgullo de prestar sentidos, me rindo a saborear la imagen de mi ciudad por la palabras de esta autora.
«Se duerme la gaviota en la muralla,
la noche se ha cernido en los cortados,
y la luna desnuda se ha posado
sobre la fina arena de la playa.
El amante agareno que la espera,
bajo el techo erizado de la roca,
quiere libar el néctar de su boca
y apagar el amor que le exaspera.
Ha bebido el dolor de sus heridas
bogando por las costas africanas,
para calmar sus ansias desmedidas.
Tanto amor a la luna maravilla,
fundiéndose los dos entre las aguas
bajo el cielo estrellado de Melilla».