Paso por aquí tan solo para que leáis unos fragmentos de un artículo publicado en 2004 de Elvira Lindo, al que tituló «El bobo».
«Ay, los deseos. A veces se cumplen. A veces uno se encuentra con la vida que soñó: viajes, hoteles, gente que te escucha... Lo piensas en la sala de embarque de un aeropuerto, después de oír por los altavoces que el vuelo se retrasa por avería del avión. Tu vecino, un experto en el puente aéreo, te dice: «no, no hay avería; el retraso es por la huelga de celo». Ah. Entonces, compras una revista, un perfume y miras el móvil. Pero, sobre todo, te quedas mirando el vacío. Sientes que se te pone cara de gilipollas resignado.
[…] Y sabes que luego saldrás de la habitación y una serie de personas amables te estarán esperando en recepción, y tendrás que ser simpático, porque en esta vida ya no basta con ser amable; si eres un personaje público, tienes que ser simpático, contar anécdotas y divertir a los que te invitan para que no te pongan a caldo en cuanto abandones la ciudad.
[…] Te acostarás y, cuando estés a punto de dormirte, dirás: «¿dónde coño se apaga la luz?», e irás dando a todos los interruptores consiguiendo que se accione el hilo musical, que venga la camarera y que se encienda la tele. La tele. Te quedarás hasta las tantas viendo una película absurda y al día siguiente descubrirás que le diste al canal de pago».
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