Palabra, flecha ígnea, tú me atraviesas.

sábado, 21 de junio de 2014

Apunte literario (38)

Paseando por las calles de Granada me encontré con un azulejo, en él había pintado un poema que Ángel Ganivet escribió sobre esta ciudad andaluza. Cautivada por el sueño de vivir  tantos años como lo hacen las construcciones, fotografié el azulejo para compartir hoy con vosotros sus palabras. Sentid con ellas esa emoción que yo sentí por la grandeza del paso del tiempo, por cómo este mundo ha podido ver un número siempre prorrogable de generaciones. 
Adjunto también una imagen que capté de la protagonista de estas rimas: la Alhambra.



«¡Qué silenciosos dormís
torreones de la Alhambra!
Dormís soñando en la muerte
y la muerte está lejana.

Sale el sol y vuestros muros
tiñe con tintas doradas,
sale la luna y os besa
con su rayo de luz blanca,
y vosotros dormís siempre
y la muerte está lejana.

La noche serena os cubre
con su túnica estrellada,
y la noche tenebrosa
os prende en sus negras alas,
y vosotros dormís siempre
y la muerte está lejana.

Puras gotas de rocío
vuestras almenas esmaltan,
la lluvia cruel azota
vuestras macizas murallas,
y vosotros dormís siempre
y la muerte está lejana.

La brisa amorosa os trae
dulces caricias al alba,
sopla el vendaval airado
y a las viejas puertas llama,
y vosotros dormís siempre
y la muerte está lejana.

Un sueño de largos siglos
por vuestros muros resbala,
cuando llegue a los cimientos
vuestra muerte está cercana,

¡quien fuera como vosotros
y largos siglos soñara!
Y desde el sueño cayera
en las sombras de Granada».

viernes, 6 de junio de 2014

Apunte literario (37)

Me despido de los exámenes y doy la bienvenida al verano y a las vacaciones con el poema que me han pedido comentar hoy. Me parece una composición muy adecuada; aunque mi intención no es restar ni un ápice de respeto a la poesía de la postguerra, parece acertado relacionar esa realidad bélica con lo que sentimos interiormente cuando nos encontramos inmersos en el período de exámenes. Todos imploramos "la paz", el descanso de esa situación de estrés y negatividad, deseosos de poder disfrutar de una tregua.
Asimismo, las palabras de Blas de Otero hablan por sí solas, y se valen de unas metáforas muy bien escogidas para hacerlo. Aquí os dejo A la inmensa mayoría, un poema de Pido la paz y la palabra.

«Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre
aquel que amó, vivió, murió por dentro
y un buen día bajó a la calle: entonces
comprendió: y rompió todos sus versos. 
Así es, así fue. Salió una noche
echando espuma por los ojos, ebrio
de amor: huyendo sin saber adónde:
a donde el aire no apestase a muerto. 
Tiendas de paz, brizados pabellones,
eran sus brazos, como llama al viento;
olas de sangre contra el pecho, enormes
olas de odio, vez, por todo el cuerpo. 
¡Aquí! ¡Llegad! ¡Ay! Ángeles atroces
en vuelo horizontal cruzan el cielo;
horribles peces de metal recorren
las espaldas del mar, de puerto a puerto. 
Yo doy todos mis versos por un hombre
en paz. Aquí tenéis, en carne y hueso,
mi última voluntad. Bilbao, a once
de abril, cincuenta y uno».