Paseando por las calles de Granada me encontré con un azulejo, en él había pintado un poema que Ángel Ganivet escribió sobre esta ciudad andaluza. Cautivada por el sueño de vivir tantos años como lo hacen las construcciones, fotografié el azulejo para compartir hoy con vosotros sus palabras. Sentid con ellas esa emoción que yo sentí por la grandeza del paso del tiempo, por cómo este mundo ha podido ver un número siempre prorrogable de generaciones.
Adjunto también una imagen que capté de la protagonista de estas rimas: la Alhambra.
«¡Qué silenciosos dormís
torreones de la Alhambra!
Dormís soñando en la muerte
y la muerte está lejana.
Sale el sol y vuestros muros
tiñe con tintas doradas,
sale la luna y os besa
con su rayo de luz blanca,
y vosotros dormís siempre
y la muerte está lejana.
La noche serena os cubre
con su túnica estrellada,
y la noche tenebrosa
os prende en sus negras alas,
y vosotros dormís siempre
y la muerte está lejana.
Puras gotas de rocío
vuestras almenas esmaltan,
la lluvia cruel azota
vuestras macizas murallas,
y vosotros dormís siempre
y la muerte está lejana.
La brisa amorosa os trae
dulces caricias al alba,
sopla el vendaval airado
y a las viejas puertas llama,
y vosotros dormís siempre
y la muerte está lejana.
Un sueño de largos siglos
por vuestros muros resbala,
cuando llegue a los cimientos
vuestra muerte está cercana,
¡quien fuera como vosotros
y largos siglos soñara!
Y desde el sueño cayera
en las sombras de Granada».
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