Soneto I
«En mí busca morada la tristeza,
lo digo sin cuidado, a nada temo,
pues cada pie en la tierra es como un remo
que guía entre mis hombros la cabeza.
Un puerto he construido con presteza,
en él soplan los aires en extremo
osado es atracar si uno es un memo
o tiene por bandera la torpeza.
Aquí vara el sentir libre y sin dueños,
el noble proceder y el limpio empeño
y el bravo bucanero de los sueños.
Aquí no hay que arrugar jamás el ceño
ni hay fuego que avivar con otros leños
ni vate al que se trate con desdeño».
Soneto II
«Fonófobo al sonido de los males,
camino sin temor y sin tardanza
y me hago fugitivo a tal semblanza,
pues hieren si los oyes cual cristales.
En mí buscan su templo los vestales
y varan los templados su templanza,
en este puerto abierto a la esperanza,
atracan los pecados capitales.
En él no se estremecen los levantes
ni trae sosiego y calma ya el poniente
ni el faro da su luz a navegantes
que van tras las estrellas del oriente,
o portan el blasón de los pedantes,
o no saben hablar más que entre dientes».
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