Palabra, flecha ígnea, tú me atraviesas.

miércoles, 19 de junio de 2013

Once (Una vez)


Aprovecho mi descanso para traeros algo muy, muy especial. Se trata de unos versos inspirados en una película irlandesa, Once, que da título a este magnífico poema. Por cierto, Once no se refiere al número cardinal en español, sino al término en inglés "una vez".
Y, ¿por qué son tan especiales estas palabras? Porque han surgido de un gran amigo que, por alguna razón absurda y extraña, me confía sus tesoros literarios muchas veces inconsciente de la magia que encierran. Se puede no tener instrucción en literatura o dudar ante normas ortográficas, pero toda persona tiene hueco en los maravillosos mundos de la escritura, de la bella poesía. Al poeta no lo hacen sus títulos, sino los sentimientos que en su alma aguardan.
Absolutamente segura de que disfrutaréis tanto como yo, os dejo sin más con los versos de Enrique Rubio Morante.

Once (Una vez)

«No es tan solo una sombra, es menos,
una niebla imperceptible,
un vacío, un deshecho
que intenta encontrar sus raíces,
mas no las hallará pues nunca tuvo,
aunque ya ni recuerde
que, mientras este mundo anduvo,
nunca ambicionó su suerte
con la que ahora ha de cargar
hasta el día de su muerte.

Palabras nunca dichas por el alma
que su boca improperó.
No podrá encontrar jamás la calma.

No le dolió el ser testigo
de su propio descalabro,
sino artífice primario
de su actual destino
en un gesto involuntario,
tremebundo desatino.

Las secuelas del recuerdo                                               
son atroces en su ahora
pues, al no tener remedio,
punzan más en la memoria
que pretende doblegar
sin tregua, paz o gloria.

Atrozmente demacrado
y rodeado
de una multitud enmudecida
y desentendida,
poblada de mentiras a puñados
y torturado
por un pasado irreversible
y de por vida.

Capaz de perdonarlo todo,
salvo a sí mismo.

Habrá de hallar paz en la muerte,
pero aún tiene esperanza;
es lo último que se pierde.

Espera abandonar su sombra y su desdicha,
su insustancialidad inerte
para tornarse corpóreo, fuerte,
arrastrar fuera de sí toda toxina
alojada tiempo ha ya en su mente
y redimirse en un futuro
y de por vida.

No habrá más temor a la muerte
por sentir no haber vivido.
Será su destino
alzar la frente
sin dudar de su camino
que de un tiempo a esta parte
por inercia ha recorrido.

Se deshizo de su lastre
y ahora es como siempre quiso,
pues el mayor error sería matarse
al encerrarse en uno mismo».

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