Silencia mi voz
con ese beso indebido,
porque tras el último adiós
se quedará mi suspiro
confuso
contigo.
Querrás coger mi mano
y frenarme a voz en grito,
pero te quedarás callado
como adormecido,
ausente,
pasivo.
Tan solo después
de que yo me haya ido
podrás decirle al aire
frustrado y cohibido:
«quédate...,
conmigo».
No hay comentarios :
Publicar un comentario