Yo pongo la peli, vosotros las palomitas.
Comienzo mi aventura "reseñística" con una película del 46.
Qué bello es vivir es una de esas historias que te hacen sentir emociones de todo tipo. Vives cada una de las desgracias de Bailey y te identificas enseguida con él. Todos hemos sido soñadores alguna vez —algunas nunca hemos dejado de serlo—, y como buen soñador, él solo quiere avanzar, conocer qué hay más allá del pueblo en el que se crió. Desde el principio queda reflejada la persistencia del protagonista por intentar mantener el equilibrio entre deber y desear. Y así, por no abandonar a su Comunidad, ve cómo los que le rodean triunfan mientras él tan solo puede seguir soñando con que algún día llegue su turno.
Pero la frustración de Bailey explota en el momento en el que el mundo que tanto trabajo le ha costado mantener se viene abajo. Es entonces cuando llega el guiño de la película, y a mi parecer, el mejor personaje: su Ángel de la Guardia (sin alas). ¿Quién no se ha preguntado alguna vez qué sería del mundo si no hubiera nacido? Lo que este angelito le muestra hace que el ambicioso y esperanzado Bailey comprenda por fin el sentido de la vida.
La película tiene momentos cómicos, como el de los arbustos; dramáticos, como la escena con su primer jefe o con el tío; frustrantes, como..., todas las escenas de Potter, en realidad; y muy tiernos, como la de los carteles. Es larga, aunque es crucial ser testigo de todo lo que le sucede, cómo y por qué, solo así es posible empatizar con el personaje en profundidad.
Es una película totalmente recomendable que debe enfocarse desde el positivismo: Bailey no tiene una vida fácil, pero intenta siempre salir adelante. Aunque a veces sea necesario que alguien nos muestre lo que nosotros, una vez enfrascados en nuestra tozudez, no seamos capaces de ver.
La vida es maravillosa y, oh, sí, qué bello es vivir.
«Búfalo no puede dormir, no puede dormir, no puede dormir…»

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