«Aristóteles dijo, y es cosa verdadera
que el hombre por dos cosas trabaja: la primera,
por el sustentamiento, y la segunda era
por conseguir unión con hembra placentera.
Si lo dijera yo, se podría tachar,
mas lo dice un filósofo, no se me ha de culpar.
De lo que dice el sabio no debemos dudar,
pues con hechos se prueba su sabio razonar.
Que dice verdad el sabio claramente se prueba;
hombres, aves y bestias, todo animal de cueva
desea, por natura, siempre compaña nueva
y mucho más el hombre que otro ser que se mueva.
Digo que más el hombre, pues otras criaturas
tan sólo en una época se juntan, por natura;
el hombre, en todo tiempo, sin seso y sin mesura,
siempre que quiere y puede hacer esa locura.
Prefiere el fuego estar guardado entre ceniza,
pues antes se consume cuanto más se le atiza;
el hombre, cuando peca, bien ve que se desliza,
mas por naturaleza, en el mal profundiza.
Yo, como soy humano y, por tal, pecador,En los dos últimos versos, el Arcipreste de Hita nos regala una lección de vida imprescindible.
sentí por las mujeres, a veces, gran amor.
Que probemos las cosas no siempre es lo peor;
el bien y el mal sabed y escoged lo mejor».
Tememos lo desconocido porque no sabemos a qué atenernos y, aunque esta actitud cauta nos salve de muchos males, provoca que perdamos de vista nuestro espíritu curioso y aventurero, al que debemos el gran conocimiento que tenemos hoy en día.
Nos regimos por lo que la sociedad nos dicta, y la fórmula para no sentirnos la oveja negra o una más del rebaño reside en la libre elección del pensamiento. Solo la conseguiremos por medio de la experiencia propia, que puede ser tan desagradable como gratificante, pero siempre nuestra. ¿Cómo si no sentir verdadera tal decisión?
Vivencia(1)... ¡Qué palabra tan exacta!
1. Experiencia personal de algo que se ha vivido (Diccionario General de Lengua Española, ed. SM).
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