Hoy mis alas guardo
encerradas bajo el miedo,
dominada por lo absurdo
de este macabro juego.
Observo el caos del tablero
y borro para pintar luego,
aunque el color de mi acuarela
tiñe mi ánimo de negro,
pincelada a pincelada,
hasta que desaparezco.
Entonces muto con desgana
y resurjo por entero:
soy la recta que se tuerce
en ese punto inconexo;
el viraje de una voz
que silencia el balanceo;
la furia desmedida
escondida allá en el eco;
el poder de la palabra
que fluye con el viento.
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