A mi parecer, el raciocinio es una cualidad admirable y distintiva del ser humano, al igual que la capacidad para creer en aquello que no podemos ver o palpar. Creo en la posibilidad de valorar cada aspecto de nuestro cerebro y nuestra personalidad.
Aquí os dejo un extracto del libro La reina de los condenados, escrito por la incondicional Anne Rice y publicado en 1988.
«Una y otra vez hemos sido testigos de nacimientos de cultos y religiones, de las temibles proclamaciones de apariciones y milagros y de la subsiguiente promulgación de los credos inspirados en esos "acontecimientos".
Viajad por las ciudades de Asia y Europa, contemplad los antiguos templos que aún siguen en pie, las catedrales del dios cristiano en las cuales aún se cantan los himnos. Recorred los museos de todos los países: sus pinturas y esculturas religiosas deslumbran y humillan el alma.
¡Cuán grande parece este logro; la misma maquinaria de la cultura dependiente del ardor de la creencia religiosa!
Y, sin embargo, ¿cuál ha sido el precio de esta fe que galvaniza países y que envía ejércitos contra ejércitos, que divide el mapa de naciones en vencedores y vencidos, que aniquila a los fieles de los dioses extranjeros?
Pero en los últimos siglos, ha ocurrido un verdadero milagro que no tiene nada que ver con espíritus o apariciones o voces de los cielos que dicen a este o aquel profeta lo que debe hacer.
Hemos observado en el animal humano una resistencia infinita a lo milagroso, un escepticismo en cuanto a las acciones de los espíritus o respecto a los que afirman verlos, comprenderlos y transmitir sus verdades.
Hemos observado cómo la mente humana abandona poco a poco la tradición de la ley basada en la revelación, para buscar verdades éticas por medio de la razón, para buscar un modo de vida basado en el respeto por lo físico y lo espiritual como algo percibido por todos los seres humanos.
Y con esta pérdida del respeto por la intervención de lo sobrenatural, con esta poca credulidad por todas las cosas divorciadas de la carne, ha llegado la era más iluminada de todas; porque los hombres y las mujeres no buscan la más alta inspiración en el reino de lo invisible, sino en el reino de lo que es humano, en lo que es tanto carne como espíritu; invisible y visible, terrestre y trascendente».
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