Visita fugaz. Lo que hoy os dejo es una breve cancioncilla que Calderón de la Barca introdujo en su teatro Eco y Narciso.
Entonadla como os apetezca, sacadle el ritmo, pero imaginad para hacerlo que lo canta una ninfa y escuchad, a través de vuestra propia voz, qué os dice. Estoy segura de que alguna vez os habéis sentido así, y si la repetís a modo de estribillo suave, averiguaréis que esta pequeña estrofa tienen la capacidad de calmaros.
«Sólo el silencio testigo
ha de ser de mi tormento;
y aun no cabe lo que siento
en todo lo que no digo».
Palabra, flecha ígnea, tú me atraviesas.
viernes, 30 de agosto de 2013
miércoles, 28 de agosto de 2013
Apunte literario (28)
Hoy traigo unos versos realmente hermosos. Del corazón de Rojas Zorrilla a nuestros ojos, en Progne y Filomena las palabras de protesta del protagonista sobre el retrato de una dama.
Cuando algo o alguien nos parece tan bonito, es difícil que nos contente su copia, ¿verdad? No hay mayor justicia que la realidad de la propia belleza vista desde el filtro de la emoción que nos evoca.
«Que si al más bello traslado
el pintor ha lisonjeado,
hoy lo contrario apercibo,
porque es más grande lo vivo
de lo que fue lo pintado.
Diestro el pintor que os copió,
porque eso fuera ofenderos,
nunca procuró excereros
igualaros procuró;
mas si al copiaros no os vio,
porque vuestra luz crüel
le dejó sin vista a él,
conociendo sus errores
pasó al rostro los colores
y a los ojos el pincel».
Cuando algo o alguien nos parece tan bonito, es difícil que nos contente su copia, ¿verdad? No hay mayor justicia que la realidad de la propia belleza vista desde el filtro de la emoción que nos evoca.
«Que si al más bello traslado
el pintor ha lisonjeado,
hoy lo contrario apercibo,
porque es más grande lo vivo
de lo que fue lo pintado.
Diestro el pintor que os copió,
porque eso fuera ofenderos,
nunca procuró excereros
igualaros procuró;
mas si al copiaros no os vio,
porque vuestra luz crüel
le dejó sin vista a él,
conociendo sus errores
pasó al rostro los colores
y a los ojos el pincel».
lunes, 26 de agosto de 2013
Apunte literario (27)
Tengo un lunes entretenido, o visto de otro modo, una tarde de estudio inquieta. Sea lo que fuese, aquí estoy de nuevo para compartir con vosotros una lección que, probablemente, solo se aprenda con el ensayo y el error, pero si os invita a reflexionar y a evitar errores innecesarios mejor que mejor.
Vicente Espinel en Vida del escudero Marcos de Obregón.
Vicente Espinel en Vida del escudero Marcos de Obregón.
«Esta fué la primera baza de mis desengaños, y el principio de conocer que no se ha de fiar nadie de palabras lisonjeras, que traen el castigo al pie de la obra. ¡De qué podía yo envanecerme, pues no tenía virtud adquirida en que fundar mi vanidad! La poca edad está llena de mil desconciertos y deslumbramientos; los que poco saben fácilmente se dejan llevar por la adulación. Yo me dejé engañar con aquello que deseaba hubiera en mí, pero no es de espantar que un hombre sencillo y sin experiencia sea engañado de un cauteloso; mas será digno de castigo si se deja engañar segunda vez».
Apunte literario (26)
No he podido resistirme a pasar por aquí unos segundos. Justo cuando ya me había metido de lleno en el tema que hoy me toca, aparece Cervantes con su modo de expresarse y empeño por convertir algo tan cotidiano como la lluvia en maravilla, en absoluto. Grandioso él en Los trabajos de Persiles y Segismunda.
Magnífico.
«[…] cuando, de improviso, comenzaron a llover, no gotas, sino nubes enteras de agua sobre la nave, de modo que no parecía sino que el mar todo se había subido a la región del viento, y desde allí se dejaba descolgar sobre el navío».Pero aún hay más...
«En fin, nos desembarcamos todos, y pisamos la amenísima ribera, cuya arena, vaya fuera todo encarecimiento, la formaban granos de oro y de menudas perlas. Entrando más adentro, se nos ofrecieron a la vista prados cuyas yerbas no eran verdes por ser yerbas, sino por ser esmeraldas, en el cual verdor las tenían, no cristalinas aguas, como suele decirse, sino corrientes de líquidos diamantes formados, que, cruzando por todo el prado, sierpes de cristal parecían».
Apunte literario (25)
El amor; un tema muy recurrido en mi vida últimamente, ¿qué tal si le dedicamos el comienzo de semana? Lope de Vega, entre adjetivos y verbos —y también versos—, nos habla de él.
«Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;
no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;
huir del rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;
creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor: quien lo probó lo sabe».
«Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;
no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;
huir del rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;
creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor: quien lo probó lo sabe».
miércoles, 21 de agosto de 2013
Apunte literario (24)
Hago una pausa minúscula en el estudio para dejaros un soneto de Luis de Góngora. Como buen representante del barroco, su tema no es otro que la fugacidad del tiempo, de la vida. Sin más, destilad su esencia —ya sabéis ;)— y reflexionad sobre la lección moral que esconde en De la brevedad engañosa de la vida.
«Menos solicitó veloz saeta
destinada señal, que mordió aguda;
agonal carro por la arena muda
no coronó con más silencio meta,
que presurosa corre, que secreta,
a su fin nuestra edad. A quien lo duda,
fiera que sea de razón desnuda,
cada Sol repetido es un cometa.
¿Confiésalo Cartago, y tú lo ignoras?
Peligro corres, Licio, si porfías
en seguir sombras y abrazar engaños.
Mal te perdonarán a ti las horas:
las horas que limando están los días,
los días que royendo están los años».
«Menos solicitó veloz saeta
destinada señal, que mordió aguda;
agonal carro por la arena muda
no coronó con más silencio meta,
que presurosa corre, que secreta,
a su fin nuestra edad. A quien lo duda,
fiera que sea de razón desnuda,
cada Sol repetido es un cometa.
¿Confiésalo Cartago, y tú lo ignoras?
Peligro corres, Licio, si porfías
en seguir sombras y abrazar engaños.
Mal te perdonarán a ti las horas:
las horas que limando están los días,
los días que royendo están los años».
domingo, 18 de agosto de 2013
Apunte literario (23)
¿Estos autores clásicos que sabes que te encantarán aunque apenas has leído sus obras, y eso en realidad lo intensifica un poco todo porque sabes que aún queda mucho bueno por conocer? Quizás el caso solo sea el mío, pero es que yo soy de dejar el dulce que más me gusta para el final y acabar con el mejor sabor de boca.
Hoy he sucumbido a ese último caramelo llamado Pablo Neruda. Casi por accidente he leído algo suyo y no he podido evitar buscar más. Me contento con el LXVI de los Cien sonetos de amor —el que hoy os regalo— con la promesa de reservarme la lectura de Veinte poemas de amor y una canción desesperada para cuando tenga el libro entre mis manos.
Mientras tanto, comparto con vosotros un pedazo de la golosina a la que he dado cobijo durante tanto tiempo.
Saboreadla bien, es como el buen vino.
«No te quiero sino porque te quiero
y de quererte a no quererte llego
y de esperarte cuando no te espero
pasa mi corazón del frío al fuego.
y de quererte a no quererte llego
y de esperarte cuando no te espero
pasa mi corazón del frío al fuego.
Te quiero sólo porque a ti te quiero,
te odio sin fin, y odiándote te ruego,
y la medida de mi amor viajero
es no verte y amarte como un ciego.
te odio sin fin, y odiándote te ruego,
y la medida de mi amor viajero
es no verte y amarte como un ciego.
Tal vez consumirá la luz de enero,
su rayo cruel, mi corazón entero,
robándome la llave del sosiego.
su rayo cruel, mi corazón entero,
robándome la llave del sosiego.
En esta historia sólo yo me muero
y moriré de amor porque te quiero,
porque te quiero, amor, a sangre y fuego».
y moriré de amor porque te quiero,
porque te quiero, amor, a sangre y fuego».
sábado, 17 de agosto de 2013
Apunte literario (22)
Este sábado de agosto quiero regar la semilla que probablemente un día en vuestras cabecillas se plantó. Cristóbal de Villalón plasmó la idea de la inmortalidad de las almas en uno de sus "cantos" recogidos en Crótalon.
«GALLO. ¿Nunca oíste decir de aquel gran filósofo Pitágoras, y de su famosa opinión que tenía?
MICILO. Pocos zapateros has visto entender con filósofos. A mí a lo menos poco me vaga para entender con ellos.
GALLO. Pues mira que éste fue el hombre más sabio que hubo en su tiempo, y éste afirmó que tuvo por cierto que las almas después de criadas por Dios pasaban de cuerpos en cuerpos. Probaba con gran eficacia de argumentos que, en cualquiera tiempo que un animal muere, está aparejado otro cuerpo en el vientre de alguna hembra en disposición, de recibir alma, y que a éste se pasa el alma del que ahora murió. De manera que puede ser que una misma alma, habiendo sido criada de largo tiempo, haya venido en infinitos cuerpos, y que agora quinientos años hubiese sido rey, y después un miserable aguadero; y ansí en un tiempo un hombre sabio, y en otro un necio, y en otro rana, y en otro asno, caballo o puercos; ¿nunca tú oíste decir esto? […] ¿De dónde piensas que les viene a muchos brutos animales hacer cosas tan agudas y tan ingeniosas que aun muy enseñados hombres no bastaran hacerlas? ¿Qué has oído decir del elefante, del tigre, lebrel y raposa? ¿Qué has visto hacer a una mona? ¿Qué se podría decir de aquí a mañana?».
miércoles, 14 de agosto de 2013
Amigo mío
Amigo mío, qué duro es decirte adiós.
Mi despedida, con una sonrisa a medias, con una emoción reclusa por el abrazo que no nos damos. Mi despedida me sabe tan amarga y oxidada que me siento injusta con nuestra historia. Pero, ¿existe acaso la buena forma de arrancarse del pecho un trozo del alma?
Amigo mío, tú que tanto fuiste.
Amigo mío, qué duro es decirte adiós.
lunes, 12 de agosto de 2013
Apunte literario (21)
Empezamos la semana con algo de dramatismo poético. Qué tristes son los besos de despedida, ¿verdad? Sin embargo, más triste es aún que se escape ese último beso. A veces sucede que, se vuelve tan urgente un adiós, que no puede esperar al amor.
En mi tarde de estudio, comparto con vosotros el Romance del enamorado y la muerte, escrito en anonimato durante el siglo XVI.
«Un sueño soñaba anoche,
soñito del alma mía,
soñaba con mis amores,
que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora tan blanca,
muy más que la nieve fría.
—¿Por dónde has entrado, amor?
¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas,
ventanas y celosías.
—No soy el amor, amante:
la Muerte que Dios te envía.
—¡Ay, Muerte tan rigurosa,
déjame vivir un día!
—Un día no puede ser,
una hora tienes de vida.
Muy deprisa se calzaba,
más deprisa se vestía;
ya se va para la calle,
en donde su amor vivía.
—¡Ábreme la puerta, blanca,
ábreme la puerta, niña!
—¿Cómo te podré yo abrir
si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue a palacio,
mi madre no está dormida.
—Si no me abres esta noche,
ya no me abrirás, querida;
la Muerte me está buscando,
junto a ti vida sería.
—Vete bajo la ventana
donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda
para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare,
mis trenzas añadiría.
La fina seda se rompe;
la muerte que allí venía:
—Vamos, el enamorado,
que la hora ya está cumplida».
En mi tarde de estudio, comparto con vosotros el Romance del enamorado y la muerte, escrito en anonimato durante el siglo XVI.
«Un sueño soñaba anoche,
soñito del alma mía,
soñaba con mis amores,
que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora tan blanca,
muy más que la nieve fría.
—¿Por dónde has entrado, amor?
¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas,
ventanas y celosías.
—No soy el amor, amante:
la Muerte que Dios te envía.
—¡Ay, Muerte tan rigurosa,
déjame vivir un día!
—Un día no puede ser,
una hora tienes de vida.
Muy deprisa se calzaba,
más deprisa se vestía;
ya se va para la calle,
en donde su amor vivía.
—¡Ábreme la puerta, blanca,
ábreme la puerta, niña!
—¿Cómo te podré yo abrir
si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue a palacio,
mi madre no está dormida.
—Si no me abres esta noche,
ya no me abrirás, querida;
la Muerte me está buscando,
junto a ti vida sería.
—Vete bajo la ventana
donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda
para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare,
mis trenzas añadiría.
La fina seda se rompe;
la muerte que allí venía:
—Vamos, el enamorado,
que la hora ya está cumplida».
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