Visita fugaz. Lo que hoy os dejo es una breve cancioncilla que Calderón de la Barca introdujo en su teatro Eco y Narciso.
Entonadla como os apetezca, sacadle el ritmo, pero imaginad para hacerlo que lo canta una ninfa y escuchad, a través de vuestra propia voz, qué os dice. Estoy segura de que alguna vez os habéis sentido así, y si la repetís a modo de estribillo suave, averiguaréis que esta pequeña estrofa tienen la capacidad de calmaros.
«Sólo el silencio testigo
ha de ser de mi tormento;
y aun no cabe lo que siento
en todo lo que no digo».
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