Hago una pausa minúscula en el estudio para dejaros un soneto de Luis de Góngora. Como buen representante del barroco, su tema no es otro que la fugacidad del tiempo, de la vida. Sin más, destilad su esencia —ya sabéis ;)— y reflexionad sobre la lección moral que esconde en De la brevedad engañosa de la vida.
«Menos solicitó veloz saeta
destinada señal, que mordió aguda;
agonal carro por la arena muda
no coronó con más silencio meta,
que presurosa corre, que secreta,
a su fin nuestra edad. A quien lo duda,
fiera que sea de razón desnuda,
cada Sol repetido es un cometa.
¿Confiésalo Cartago, y tú lo ignoras?
Peligro corres, Licio, si porfías
en seguir sombras y abrazar engaños.
Mal te perdonarán a ti las horas:
las horas que limando están los días,
los días que royendo están los años».
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