Palabra, flecha ígnea, tú me atraviesas.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Libros con los que reflexionar (6)

Hacía bastante tiempo que no leía "mis libros". Desde que me matriculé en la carrera (poco más de un año), me centraba solo en la literatura, esa que te alimenta el alma, que lo oxigena y llena de pureza y éxtasis; pero, ¿qué sucede con los libros que solía leer antes? De pronto tenía la sensación de que perdía el tiempo leyéndolos porque tan solo me aportaban entretenimiento, desconexión. Ahora que por fin he roto con mi bloqueo de lectora soy consciente de que eso no era así. Esos libros también me alimentaban, quizás no me hacían más culta o reflexiva (tal vez sí), pero me hacían el mayor regalo que un libro puede hacerte: ilusión. Era ver libros y volverme loca, querer leerlos todos, y coger uno y devorarlo; otro, hasta saciarme. Y como quien siente gula por las palabras, enganchaba historias saltando de sonrisa en sonrisa.
Después de recordar cómo me sentía con esos libros, me recuerdo a mí misma también cuánto odio la frase perder el tiempo. Cada momento que vives, cada libro leído, cada emoción sentida, buenos o malos todos, son experiencias que te hacen ser quien eres; más grande cada día, más entero, más tú.
Y tras este inciso existencial, vuelvo a lo que me ha traído aquí esta mañana de sábado.
La niñera, de Melissa Nathan. Una escena/diálogo me ha hecho sentir comprendida por un instante, y como si el personaje formase parte de mi historia en una pequeña porción, he hecho míos sus sentimientos.
«¿Qué pensaría ahora Shaun de ella? ¿Pensaría que era una desequilibrada? ¿Querría dejarlo?

—¿Y yo qué? —dijo él con la mirada aún clavada en la ventana.
Jo alargó las manos hacia él, pero no llegaba a coger las suyas, así que las dejó encima de la mesa.
—Shaun, tú eres lo único que me mantiene cuerda. Tienes que creerme. Pero necesito alejarme para averiguar por qué estoy tan ofuscada.
—¿Ofuscada? —frunció el ceño— Pensaba que habías dicho que estabas deprimida.
Jo se esforzó por hacerse entender.
—Estoy ofuscada porque no sé por qué siempre estoy deprimida. Quiero decir que tengo todo lo que una chica puede querer, ¿no?
Shaun la miró.
—¿Sí?
—Ya sabes que sí —dijo Jo con un tono convincente—. Todas las casillas están marcadas; por eso no entiendo cómo puede ser que no me sienta..., afortunada.
—A lo mejor es que esperas demasiado de la vida.
—No digas eso.
—Es verdad —dijo Shaun—. Piensas demasiado, ese es tu problema.
—No lo puedo evitar.
—Claro que puedes.
Jo suspiró.
—¿Y si descubres que esto es la felicidad? —preguntó Shaun.
Hubo una pausa.
—Si esto es la felicidad, me suicido ahora mismo.
La asustó oír las palabras en voz alta.
—Salud —murmuró Shaun bebiendo un trago de vino.
—Shaun, ya sé que es un tópico, pero de verdad que no es por ti. Es por mí. Estoy preocupada...
—¡Venga ya, ahórramelo! —Shaun prorrumpió en una risa hueca— Ahora me vas a decir que siempre me querrás como amigo, ¿no?
—Solo...
—¿Qué?
—Dame un tiempo, Shaun. Por favor...
De repente, Shaun se agachó por encima de la mesa hacia ella.
—Te he dado seis putos años —susurró, y a punto estuvo de apagar la vela—. ¿Qué quieres que haga, Jo? ¿Que luche por ti? ¿Es eso? ¿Es una prueba? ¿Para ver si te quiero lo suficiente como para ir a visitarte a Londres?
—No...
—Entonces, ¿qué, Jo? Porque que me jodan si te entiendo.
Jo estaba segura de que habría llorado de haber tenido fuerzas.
—Solo quiero que estés a mi lado, Shaun.
—¿Quieres decir como en un matrimonio?
—No, no lo hagas...
—Oh, no te pongas nerviosa —dijo rápidamente y levantando las manos como fingiendo un arresto—. No pienso volver a pedírtelo. Todavía me queda un poco de orgullo, ¿sabes?».

jueves, 21 de noviembre de 2013

Con todo por hacer

Reanima este corazón muerto
que incluso yerto
no deja de doler.
Rechina en sus latidos,
dice que no quiere hacer ruido,
pero tampoco volver.
Mientras, se mantiene en pausa
porque no encuentra la causa
por la que de nuevo enloquecer.

Y ahí está en mi lado izquierdo,
amarrado a los recuerdos,
con todo por hacer.

No levanta la cabeza,
hizo caso a las flaquezas,
olvidó quién solía ser.
¿Cómo hago que reaccione,
que baraje sus opciones
si ya no quiere querer?
El amor lo ha abatido,
condenado a lo vivido,
a las fauces del ayer.

Y aquí en mi lado izquierdo,
poquito a poco pierdo
con todo por hacer.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

jueves, 14 de noviembre de 2013

Apunte literario (33)

A veces no somos capaces de expresar cómo nos sentimos por dentro y deseamos que, aquel que nos observe, lo adivine al mirarnos a los ojos. Esa angustia que se siente en la garganta parece que se hace ligera si no es necesario decir palabra para que alguien nos entienda, pero esto no suele suceder. A menudo, y como es lógico, debemos articular nuestros sentimientos si queremos consuelo o desahogo. Y en ese deseo por que la mirada pueda decir lo que no puede la voz se basa este poema que os traigo. 
Su autor: Joaquín Romero de Cepeda.

«Hablá, mis ojos, mirando,
pues la lengua está impedida,
descubrid esta herida
mil lágrimas derramando;
decid lo que estoy pasando
con mirar:
lo que yo no sé hablar.

Si no acertare a decir,
ojos, que muero por ver,
en vos podrán conocer
lo que no puedo encubrir.
Dad, mis ojos, a sentir,
con mirar
pues tan bien sabéis hablar».

martes, 12 de noviembre de 2013

Apunte literario (32)

Hoy vengo a amenizaros la semana con mi último descubrimiento. ¿Alguna vez os ha pasado que habéis cambiado el orden de las palabras al hablar y, como consecuencia, soltado cosas como: «corrón de buceo»? A mí sí, y más a menudo de lo que me gustaría admitir. Siempre había pensado que era algo presurosa al hablar y que por eso cometía estos errores que, a pesar de todo, al final siempre provocaban alguna lagrimita. De risa. 
Pero resulta que este tipo de lapsus incluso tiene nombre; spoonerisms (spoonerismos, si lo españolizamos). La palabra proviene de un profesor de Oxford de finales del siglo XIX, principios del XX, en cuyas clases de la universidad eran frecuentes las confusiones del profesor que daban lugar a frases hilarantes. Su apellido; Spooner.
Para completar la anécdota, he dado también con unos versos que se valen de estas equivocaciones para crear, del gazapo, la rima. Un genialidad.
Con maestría: José Manuel Marroquín.

«Ahora que los ladros perran,
ahora que los cantos gallan,
ahora que albando la toca
las altas suenas campanan;
y que los rebuznos burran,
y que los gorjeos pájaran
y que los silbos serenan
y que los gruños marraban
y que la aurorada rosa
los extensos doros campa,
perlando líquidas viertas
cual yo lágrimo derramas
y friando de tirito
si bien el abrasa almada,
vengo a suspirar mis lanzos
ventano de tus debajas».

jueves, 7 de noviembre de 2013

Tiempo de quebranto

Este sábado convencí a mi querido amigo Enrique Rubio para que me dejase publicar uno de sus poemas. En realidad, soy fan declarada de sus rimas, complicadas y suaves al mismo tiempo. Tiene más fluidez escribiendo de la que imagina y siempre insisto en ello, pero él me ignora... Así que, orgullosa del trofeo conseguido, lo expongo para vosotros en esta acogedora vitrina de mi casa virtual. Sabéis que aquí sois todos bienvenidos.

TIEMPO DE QUEBRANTO

«Quebranto por la ausencia
que ahora es requerida,
por la pura inexistencia
tan nacimiento de vida
del hogar de su presencia,
oxígeno de mi moral,
por la cual sufro apetencia
magnética, pura y total.

No es solo urgencia
o un capricho pasajero,
es más que eso: una vivencia
necesaria en que me duelo,
aun gozando de experiencia
de hallarme desterrado.
Cruel puñal de indiferencia
se me hunde en los costados.

Obligado con vehemencia
a arrastrar tamaña tara,
tan personal silente dolencia
que jamás se soportara,
mil veces con inclemencia
soy vencido y me levanto,
dueño de falsa resilencia...
Crudo tiempo el de quebranto».

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Apunte literario (31)

Ya envuelta en mantas, abro mi libro de cabecera para saborear una buena lectura antes de caer rendida y..., no puedo evitar saltar de la cama. Quiero que, los que esta noche durmáis solos, os sintáis arropados —qué menos— por estos versos de Juan Rufo. A vosotros os regalo este epigrama titulado A una pastora.

«Si vais a ver el ganado,
muy lejos estáis de verme,
porque en haberos mirado,
no supe sino perderme.
Si vais a ver el perdido,
tampoco me ved a mí,
pues desde que me perdí,
por ganado me he tenido.
Y si al perdido y ganado
vais a ver, bien podéis verme,
pues en haberos mirado
supe ganarme y perderme».

martes, 5 de noviembre de 2013

«Quédate..., conmigo»

Silencia mi voz
con ese beso indebido,
porque tras el último adiós
se quedará mi suspiro
confuso
contigo.

Querrás coger mi mano
y frenarme a voz en grito,
pero te quedarás callado
como adormecido,
ausente,
pasivo.

Tan solo después
de que yo me haya ido
podrás decirle al aire
frustrado y cohibido:
«quédate...,
conmigo».

miércoles, 23 de octubre de 2013

La mujer del Barón de Llaurí

En la última propuesta para acabar con el curso de suspense, mi ejercicio consistía en escribir una introducción donde advertir de manera sutil el desastre que se avecina.

LA MUJER DEL BARÓN DE LLAURÍ

La familia Manglano y Baldoví Sellier disfrutaba de una distinguida posición social por el título de Josep de Barón de Llaurí. Josep se había casado con Hélène, hija de un magnate francés, y tenido dos hijos con ella, Albert y Josep Arnau, futuros alumnos de Caltech, la universidad más prestigiosa del mundo.
A la muerte de Josep, los gemelos debían demostrar su consanguinidad para recibir la baronía de su padre y Hélène se vio obligada a volver a falsificar los documentos.
Un año después, Albert entró en coma y los médicos descubrieron que ambos hermanos padecían una rara enfermedad cuyos síntomas pasaban desapercibidos en pruebas estándar. Aquella mutación de la sangre pocas veces se manifestaba en varones adultos, pero la naturaleza es caprichosa. El idilio de Hélène con un maltés dieciocho años atrás dejaría de ser una verdad en la sombra.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Un día fueron

De repente, un recuerdo te golpea tan fuerte que debes parar tu reloj. Aunque el tiempo corra a tu alrededor, no te afecta en ese instante porque el golpe te ha enviado a otro estado; uno en el que los momentos te abrazan y hacen llorar, en el que sientes de nuevo el calor que un día tuvieron y el rechazo de saberlos víctimas del tiempo. Pues tus recuerdos no son ni serán, sino que un día fueronY entremezclados, hacen de aquel estado tu hogar y juegan contigo mostrándose a partes, tan brillantes y fugaces que los quieres atrapar para recordar a qué saben. Y cuando los rozas, cuando te sumerges en alguno de ellos tan miedica como ansiosa, te regalan un nudo en la garganta que tú te quieres arrancar.
Pero no puedes.
Ya los has dejado entrar.
Ya te han hecho víctima del sueño.
Su víctima del tiempo.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Amor de mis amores

Deja que me quede sin razones,
que te roce siempre los talones,
que mis dedos pinten corazones

y tiñan tu yelmo de colores.
Mi alma solo la alcanzan los mejores,
¿serás tú el amor de mis amores,

el que me ayude a matar dragones
y llene con cientos de flores
mis desguarnecidos jarrones?

Llega pronto con tus legiones
a romper mi silencio en clamores,
que me cansé de las rendiciones

y de las malas decisiones,
el plural de las pasiones
y las mil indecisiones.

Entonces, dime sin temblores,
de corazón y sin fervores:
¿serás tú el amor de mis amores?

jueves, 5 de septiembre de 2013

Apunte literario (30)

Amigos lectores, hoy por fin acaba mi agónica época de estudio. Tras el examen de esta tarde, comenzarán oficialmente mis vacaciones y no se me ocurre mejor forma de celebrarlo que disfrutando de la feria de mi ciudad en la queridísima compañía de mis amigos. Tomaré unos rebujitos a vuestra salud.
Pero hasta que eso suceda, quiero que nos despidamos de los libros —solo por un tiempecito— con un soneto muy especial para mí. Hace unos años, cuando tan solo tenía dieciocho, el que era mi novio reescribió parte de este soneto con el fin de dedicarme unas palabras preciosas y sinceras. Entenderéis que por eso le tenga tanto cariño a estos versos de Garcilaso de la Vega.

«Escrito'stá en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo:
vos sola lo escribistes; yo lo leo
tan solo que aun de vos me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto,
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero;

cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero».

viernes, 30 de agosto de 2013

Apunte literario (29)

Visita fugaz. Lo que hoy os dejo es una breve cancioncilla que Calderón de la Barca introdujo en su teatro Eco y Narciso
Entonadla como os apetezca, sacadle el ritmo, pero imaginad para hacerlo que lo canta una ninfa y escuchad, a través de vuestra propia voz, qué os dice. Estoy segura de que alguna vez os habéis sentido así, y si la repetís a modo de estribillo suave, averiguaréis que esta pequeña estrofa tienen la capacidad de calmaros.

«Sólo el silencio testigo
ha de ser de mi tormento;
y aun no cabe lo que siento
en todo lo que no digo».

miércoles, 28 de agosto de 2013

Apunte literario (28)

Hoy traigo unos versos realmente hermosos. Del corazón de Rojas Zorrilla a nuestros ojos, en Progne y Filomena las palabras de protesta del protagonista sobre el retrato de una dama. 
Cuando algo o alguien nos parece tan bonito, es difícil que nos contente su copia, ¿verdad? No hay mayor justicia que la realidad de la propia belleza vista desde el filtro de la emoción que nos evoca. 

«Que si al más bello traslado
el pintor ha lisonjeado,
hoy lo contrario apercibo,
porque es más grande lo vivo
de lo que fue lo pintado.
Diestro el pintor que os copió,
porque eso fuera ofenderos,
nunca procuró excereros
igualaros procuró;
mas si al copiaros no os vio,
porque vuestra luz crüel
le dejó sin vista a él,
conociendo sus errores
pasó al rostro los colores
y a los ojos el pincel».

lunes, 26 de agosto de 2013

Apunte literario (27)

Tengo un lunes entretenido, o visto de otro modo, una tarde de estudio inquieta. Sea lo que fuese, aquí estoy de nuevo para compartir con vosotros una lección que, probablemente, solo se aprenda con el ensayo y el error, pero si os invita a reflexionar y a evitar errores innecesarios mejor que mejor.
Vicente Espinel en Vida del escudero Marcos de Obregón.
«Esta fué la primera baza de mis desengaños, y el principio de conocer que no se ha de fiar nadie de palabras lisonjeras, que traen el castigo al pie de la obra. ¡De qué podía yo envanecerme, pues no tenía virtud adquirida en que fundar mi vanidad! La poca edad está llena de mil desconciertos y deslumbramientos; los que poco saben fácilmente se dejan llevar por la adulación. Yo me dejé engañar con aquello que deseaba hubiera en mí, pero no es de espantar que un hombre sencillo y sin experiencia sea engañado de un cauteloso; mas será digno de castigo si se deja engañar segunda vez».

Apunte literario (26)

No he podido resistirme a pasar por aquí unos segundos. Justo cuando ya me había metido de lleno en el tema que hoy me toca, aparece Cervantes con su modo de expresarse y empeño por convertir algo tan cotidiano como la lluvia en maravilla, en absoluto. Grandioso él en Los trabajos de Persiles y Segismunda
«[…] cuando, de improviso, comenzaron a llover, no gotas, sino nubes enteras de agua sobre la nave, de modo que no parecía sino que el mar todo se había subido a la región del viento, y desde allí se dejaba descolgar sobre el navío».
Pero aún hay más...
«En fin, nos desembarcamos todos, y pisamos la amenísima ribera, cuya arena, vaya fuera todo encarecimiento, la formaban granos de oro y de menudas perlas. Entrando más adentro, se nos ofrecieron a la vista prados cuyas yerbas no eran verdes por ser yerbas, sino por ser esmeraldas, en el cual verdor las tenían, no cristalinas aguas, como suele decirse, sino corrientes de líquidos diamantes formados, que, cruzando por todo el prado, sierpes de cristal parecían».
Magnífico.

Apunte literario (25)

El amor; un tema muy recurrido en mi vida últimamente, ¿qué tal si le dedicamos el comienzo de semana? Lope de Vega, entre adjetivos y verbos —y también versos—, nos habla de él.

«Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir del rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor: quien lo probó lo sabe».

miércoles, 21 de agosto de 2013

Apunte literario (24)

Hago una pausa minúscula en el estudio para dejaros un soneto de Luis de Góngora. Como buen representante del barroco, su tema no es otro que la fugacidad del tiempo, de la vida. Sin más, destilad su esencia —ya sabéis ;)— y reflexionad sobre la lección moral que esconde en De la brevedad engañosa de la vida.

«Menos solicitó veloz saeta
destinada señal, que mordió aguda;
agonal carro por la arena muda
no coronó con más silencio meta,

que presurosa corre, que secreta,
a su fin nuestra edad. A quien lo duda,
fiera que sea de razón desnuda,
cada Sol repetido es un cometa.

¿Confiésalo Cartago, y tú lo ignoras?
Peligro corres, Licio, si porfías
en seguir sombras y abrazar engaños.

Mal te perdonarán a ti las horas:
las horas que limando están los días,
los días que royendo están los años».

domingo, 18 de agosto de 2013

Apunte literario (23)

¿Estos autores clásicos que sabes que te encantarán aunque apenas has leído sus obras, y eso en realidad lo intensifica un poco todo porque sabes que aún queda mucho bueno por conocer? Quizás el caso solo sea el mío, pero es que yo soy de dejar el dulce que más me gusta para el final y acabar con el mejor sabor de boca.
Hoy he sucumbido a ese último caramelo llamado Pablo Neruda. Casi por accidente he leído algo suyo y no he podido evitar buscar más. Me contento con el LXVI de los Cien sonetos de amor —el que hoy os regalo— con la promesa de reservarme la lectura de Veinte poemas de amor y una canción desesperada para cuando tenga el libro entre mis manos.
Mientras tanto, comparto con vosotros un pedazo de la golosina a la que he dado cobijo durante tanto tiempo.
Saboreadla bien, es como el buen vino.

«No te quiero sino porque te quiero
y de quererte a no quererte llego
y de esperarte cuando no te espero
pasa mi corazón del frío al fuego.


Te quiero sólo porque a ti te quiero,
te odio sin fin, y odiándote te ruego,
y la medida de mi amor viajero
es no verte y amarte como un ciego.


Tal vez consumirá la luz de enero,
su rayo cruel, mi corazón entero,
robándome la llave del sosiego.


En esta historia sólo yo me muero
y moriré de amor porque te quiero,
porque te quiero, amor, a sangre y fuego».

sábado, 17 de agosto de 2013

Apunte literario (22)

Este sábado de agosto quiero regar la semilla que probablemente un día en vuestras cabecillas se plantó. Cristóbal de Villalón plasmó la idea de la inmortalidad de las almas en uno de sus "cantos" recogidos en Crótalon.
«GALLO. ¿Nunca oíste decir de aquel gran filósofo Pitágoras, y de su famosa opinión que tenía?
MICILO. Pocos zapateros has visto entender con filósofos. A mí a lo menos poco me vaga para entender con ellos.
GALLO. Pues mira que éste fue el hombre más sabio que hubo en su tiempo, y éste afirmó que tuvo por cierto que las almas después de criadas por Dios pasaban de cuerpos en cuerpos. Probaba con gran eficacia de argumentos que, en cualquiera tiempo que un animal muere, está aparejado otro cuerpo en el vientre de alguna hembra en disposición, de recibir alma, y que a éste se pasa el alma del que ahora murió. De manera que puede ser que una misma alma, habiendo sido criada de largo tiempo, haya venido en infinitos cuerpos, y que agora quinientos años hubiese sido rey, y después un miserable aguadero; y ansí en un tiempo un hombre sabio, y en otro un necio, y en otro rana, y en otro asno, caballo o puercos; ¿nunca tú oíste decir esto? […] ¿De dónde piensas que les viene a muchos brutos animales hacer cosas tan agudas y tan ingeniosas que aun muy enseñados hombres no bastaran hacerlas? ¿Qué has oído decir del elefante, del tigre, lebrel y raposa? ¿Qué has visto hacer a una mona? ¿Qué se podría decir de aquí a mañana?». 

miércoles, 14 de agosto de 2013

Amigo mío

Amigo mío, qué duro es decirte adiós.
Son tantos los momentos que quiero recordar contigo que me abruma la nostalgia que acompaña a cada uno de ellos. Y el dolor..., el dolor de no querer y tener que decirles adiós. A ti decirte adiós.
Mi despedida, con una sonrisa a medias, con una emoción reclusa por el abrazo que no nos damos. Mi despedida me sabe tan amarga y oxidada que me siento injusta con nuestra historia. Pero, ¿existe acaso la buena forma de arrancarse del pecho un trozo del alma?
Amigo mío, tú que tanto fuiste.
Amigo mío, qué duro es decirte adiós.

lunes, 12 de agosto de 2013

Apunte literario (21)

Empezamos la semana con algo de dramatismo poético. Qué tristes son los besos de despedida, ¿verdad? Sin embargo, más triste es aún que se escape ese último beso. A veces sucede que, se vuelve tan urgente un adiós, que no puede esperar al amor.
En mi tarde de estudio, comparto con vosotros el Romance del enamorado y la muerte, escrito en anonimato durante el siglo XVI.

«Un sueño soñaba anoche,
soñito del alma mía,
soñaba con mis amores,
que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora tan blanca,
muy más que la nieve fría.
—¿Por dónde has entrado, amor?
¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas,
ventanas y celosías.
—No soy el amor, amante:
la Muerte que Dios te envía.
—¡Ay, Muerte tan rigurosa,
déjame vivir un día!
—Un día no puede ser,
una hora tienes de vida.

Muy deprisa se calzaba,
más deprisa se vestía;
ya se va para la calle,
en donde su amor vivía.

—¡Ábreme la puerta, blanca,
ábreme la puerta, niña!
—¿Cómo te podré yo abrir
si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue a palacio,
mi madre no está dormida.
—Si no me abres esta noche,
ya no me abrirás, querida;
la Muerte me está buscando,
junto a ti vida sería.
—Vete bajo la ventana
donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda
para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare,
mis trenzas añadiría.

La fina seda se rompe;
la muerte que allí venía:
—Vamos, el enamorado,
que la hora ya está cumplida».

viernes, 12 de julio de 2013

Apunte literario (20)

El mismísimo William Shakespeare nos acompaña hoy para que le demos una buena bienvenida a nuestro querido julio. Bajo su pluma, unos párrafos de Macbeth.
«LADY MACBETH: (sola) Hasta el cuervo está ronco de graznar la fatídica entrada de Duncan bajo mis almenas. Venid a mí, espíritus que servís a propósitos de muerte, quitadme la ternura y llenadme de los pies a la cabeza de la más ciega crueldad. Espesadme la sangre, tapad toda entrada y acceso a la piedad para que ni pesar ni incitación al sentimiento quebranten mi fiero designio, ni intercedan entre él y su efecto. Venid a mis pechos de mujer y cambiad mi leche en hiel, espíritus del crimen, dondequiera que sirváis a la maldad en vuestra forma invisible. Ven, noche espesa, y envuélvete en el humo más oscuro del infierno para que mi puñal no vea la herida que hace ni el cielo asome por el manto de las sombras gritando: «¡Alto, alto!».
[…]  
MACBETH: No vamos a seguir con este asunto. Él acaba de honrarme y yo he logrado el respeto inestimable de las gentes, que debe ser llevado nuevo, en su esplendor, y no desecharse tan pronto. 
LADY MACBETH: ¿Estaba ebria la esperanza de que te revestiste? ¿O se durmió? ¿Y ahora se despierta mareada después de sus excesos? Desde ahora ya sé que tu amor es igual. ¿Te asusta ser el mismo en acción y valentía que el que eres en deseo? ¿Quieres lograr lo que estimas ornamento de la vida y en tu propia estimación vivir como un cobarde, poniendo el «no me atrevo» al servicio del «quiero» como el gato del refrán1?
MACBETH: ¡Ya basta! Me atrevo a todo lo que sea digno de un hombre. Quien a más se atreva, no lo es.
LADY MACBETH: Entonces, ¿qué bestia te hizo revelarme ese propósito? Cuando te atrevías eras un hombre; y ser más de lo que eras te hacía ser mucho más hombre. Entonces no ajustaban el tiempo y el lugar, mas tú querías concertarlos; ahora se presentan y la ocasión te acobarda. Yo he dado el pecho y sé lo dulce que es amar al niño que amamantas; cuando estaba sonriéndome, habría podido arrancarle mi pezón de sus encías y estrellarle los sesos si lo hubiese jurado como tú has jurado esto».

miércoles, 19 de junio de 2013

Once (Una vez)


Aprovecho mi descanso para traeros algo muy, muy especial. Se trata de unos versos inspirados en una película irlandesa, Once, que da título a este magnífico poema. Por cierto, Once no se refiere al número cardinal en español, sino al término en inglés "una vez".
Y, ¿por qué son tan especiales estas palabras? Porque han surgido de un gran amigo que, por alguna razón absurda y extraña, me confía sus tesoros literarios muchas veces inconsciente de la magia que encierran. Se puede no tener instrucción en literatura o dudar ante normas ortográficas, pero toda persona tiene hueco en los maravillosos mundos de la escritura, de la bella poesía. Al poeta no lo hacen sus títulos, sino los sentimientos que en su alma aguardan.
Absolutamente segura de que disfrutaréis tanto como yo, os dejo sin más con los versos de Enrique Rubio Morante.

Once (Una vez)

«No es tan solo una sombra, es menos,
una niebla imperceptible,
un vacío, un deshecho
que intenta encontrar sus raíces,
mas no las hallará pues nunca tuvo,
aunque ya ni recuerde
que, mientras este mundo anduvo,
nunca ambicionó su suerte
con la que ahora ha de cargar
hasta el día de su muerte.

Palabras nunca dichas por el alma
que su boca improperó.
No podrá encontrar jamás la calma.

No le dolió el ser testigo
de su propio descalabro,
sino artífice primario
de su actual destino
en un gesto involuntario,
tremebundo desatino.

Las secuelas del recuerdo                                               
son atroces en su ahora
pues, al no tener remedio,
punzan más en la memoria
que pretende doblegar
sin tregua, paz o gloria.

Atrozmente demacrado
y rodeado
de una multitud enmudecida
y desentendida,
poblada de mentiras a puñados
y torturado
por un pasado irreversible
y de por vida.

Capaz de perdonarlo todo,
salvo a sí mismo.

Habrá de hallar paz en la muerte,
pero aún tiene esperanza;
es lo último que se pierde.

Espera abandonar su sombra y su desdicha,
su insustancialidad inerte
para tornarse corpóreo, fuerte,
arrastrar fuera de sí toda toxina
alojada tiempo ha ya en su mente
y redimirse en un futuro
y de por vida.

No habrá más temor a la muerte
por sentir no haber vivido.
Será su destino
alzar la frente
sin dudar de su camino
que de un tiempo a esta parte
por inercia ha recorrido.

Se deshizo de su lastre
y ahora es como siempre quiso,
pues el mayor error sería matarse
al encerrarse en uno mismo».